¿Donde estás? No puedo verte ¿Acaso no viniste a salvarnos? Hay gente muriendo, ¿Lo sabías?
¿Es que estás, pero no puedo sentirte? Solo me resta pensar dos cosas…
Que si las cosas sin ti serían peores, y estaríamos viviendo un infierno en vida, o que aunque no quiera creerlo, tú no estás…. tú lo abandonaste. Tú ya no quieres luchar por quiénes amabas.
Yo creo en ti. Yo creo que podes salvarnos, pero se que por alguna razón no lo estás pudiendo hacer.
¿Es culpa nuestra? Es lo que más puedo creer, es la razón que más entiendo. ¿Ya no te interesamos? Somos tus hijos…. te necesitamos. No puedo creer eso. No quiero creer eso.
Que mientras empresarios hacen crecer sus ambiciones, otros pobres niños sin futuro mueran en las calles, que son su único refugio. Eso, para mí, es injusticia. Estamos siendo injustos.
¿Dónde estás? Pues no puedo verte. ¿Será que esa gente mala no son hijos tuyos? –En eso caso… ¿Podrías hacer algo?–.
Quizás estés trabajando duro, pero no puedo vivir creyendo que nos estás dando la espalda.
Conta conmigo, yo ofrezco mi ayuda. Yo estoy dispuesto a ayudarte a ayudar a los demás. Pero no quiero parecerme a esos empresarios con túnicas, intentos de voceros, intentos de… como les dicen… ¿Curas, padres?, que solo anhelan dinero, aprovechando las necesidades de los otros, aprovechando sus creencias, ejerciendo ellos el verdadero acto de corrupción. La economía les robo la vida, y por ello es que me niego a entrar en su círculo, en su fugitivo monopolio. No hay nada más que esperar, es que no queda por esperar. Hay que hacer. Hay que actuar. Hay que ejercer. Hay que librarnos, que nos dejen de manipular.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario